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Decidimos dónde competir, con qué mensaje, en qué canales y con qué presupuesto. Y después nos quedamos: ejecutando el plan o dirigiendo a quien lo ejecuta, con revisión de resultados cada trimestre.
El recorrido habitual es conocido: una consultora entrega un documento extenso y bien argumentado, la empresa lo lee, lo aprueba y a los tres meses sigue en la misma carpeta. Nadie lo tradujo en trabajo concreto, y nadie respondía de que ocurriera.
Muchas empresas invierten en marketing sin tener a nadie dentro que sepa si está funcionando. Contratan una agencia para redes, otra para anuncios, alguien para la web, y no hay una figura que ponga orden ni responda del conjunto.
La dirección de marketing externa cubre ese hueco sin contratar a jornada completa: fijamos prioridades, decidimos el reparto de presupuesto, revisamos a los proveedores y presentamos los números en vuestro comité.
| Situación habitual | Con dirección externa |
|---|---|
| Cada proveedor reporta lo que le favorece | Un informe único con la foto completa |
| El presupuesto se reparte por inercia | Se reasigna cada trimestre según resultados |
| Las decisiones esperan a que gerencia tenga tiempo | Hay alguien con criterio decidiendo cada semana |
| Nadie responde del resultado global | Un interlocutor responde de los números |
Un plan a doce meses llega desactualizado antes de ejecutarse: cambian los costes de publicidad, aparece competencia nueva y tus propias capacidades no son las de enero. Tres meses es tiempo suficiente para que un canal demuestre algo y corto para corregir sin haber quemado el presupuesto del año.
Una consultoría de marketing digital analiza la situación de la empresa y define qué hacer, en qué orden y con qué presupuesto. Una agencia ejecuta acciones concretas: campañas, contenidos, posicionamiento. El problema aparece cuando son casas distintas, porque la consultora entrega un documento y la agencia lo interpreta a su manera. Aquí estrategia y ejecución están bajo el mismo techo, así que el plan se escribe sabiendo quién y cómo va a llevarlo a cabo.
Recibes un documento con el diagnóstico, las prioridades y el reparto de presupuesto, pero no es un plan anual cerrado. Un plan a doce meses suele quedar desfasado antes de ejecutarse: cambian los costes de publicidad, la competencia y tus propias capacidades. Trabajamos por trimestres, con objetivos a tres meses, revisión de datos al cierre y reasignación de presupuesto para el siguiente.
Es una situación frecuente y no hay que romperla. En esos casos actuamos como dirección de marketing: fijamos objetivos y prioridades, revisamos lo que entrega cada proveedor, pedimos las métricas que faltan y ponemos coherencia entre canales. Si algún proveedor no rinde, lo verás en los números antes de que te lo digamos nosotros.
Sí, y a menudo es donde más se nota. Una empresa pequeña no puede permitirse gastar en cinco canales para ver cuál funciona, así que acertar el orden importa más que en una grande. En estos casos la consultoría suele ser corta y muy concreta: dos o tres decisiones bien tomadas y un canal ejecutado en condiciones.
El diagnóstico y la definición de la estrategia se resuelven en unas semanas, según el tamaño de la empresa y los datos disponibles. A partir de ahí hay dos caminos: te llevas la hoja de ruta y la ejecutas por tu cuenta, o seguimos acompañando por trimestres, con revisión de resultados y ajuste del plan al cierre de cada uno.
Sí, y es lo habitual. Ejecutamos posicionamiento, publicidad de pago, email marketing, redes sociales y sistemas de inteligencia artificial, así que la hoja de ruta se convierte en trabajo en marcha sin cambiar de interlocutor. También trabajamos solo la parte estratégica cuando prefieres ejecutar con tu equipo o con tus proveedores actuales.
Analizamos tu situación, tu competencia y la demanda real de tu mercado. Sales con las dos o tres decisiones que más mueven tu negocio ahora.